multifrenia
ser muchas versiones sin dejar de ser yo
Constantemente nos estamos exponiendo a muchas formas de ser.
A través de redes sociales.
De amistades.
De otras culturas.
De expectativas familiares.
De conversaciones que nos mueven.
Vemos cómo otros aman.
Cómo otros trabajan.
Cómo otros viven.
Y algo de eso se nos pega.
Adoptamos voces internas.
Pequeñas frases que empiezan a hablarnos desde dentro.
“Deberías ser más productiva.”
“Tal vez podrías ser más como ella.”
Sin darnos cuenta, nuestro yo empieza a fragmentarse.
Gergen habla de “multifrenia”:
sentir que uno es muchas personas a la vez.
No necesariamente es patología.
Es condición cultural.
Vivimos en una época que nos multiplica.
Ya no somos una identidad estable y cerrada.
Somos una escisión constante.
Una multiplicidad de investiduras de nuestro propio yo.
Soy la profesional.
La hija.
La que quiere irse.
La que quiere quedarse.
La que sueña en grande.
La que tiene miedo.
A veces se sienten como versiones distintas.
A veces incluso contradictorias.
Y me pregunto:
¿soy incoherente?
¿o simplemente estoy habitando una cultura que me expone a demasiadas posibilidades?
Quizá no estamos “rotos”.
Quizá estamos sobreestimulados de identidades.
Somos lo que las relaciones permiten que seamos.
Nos construimos en interacción.
El yo no está completamente “dentro”.
Se teje en el encuentro.
Y eso puede sentirse hermoso… y también abrumador.
Porque cuando hay demasiadas voces, cuesta escuchar la propia.
Tal vez el reto no es volver a un yo único y coherente.
Tal vez eso nunca existió.
Tal vez el reto es aprender a integrar.
A permitir que mis múltiples versiones conversen sin anularse.
En una cultura que nos fragmenta, integrar es un acto de valentía.
Y quizás eso también es parte de ser humanos: vivir con nuestras incoherencias, sostenerlas con ternura y entender que no somos contradicción… somos complejidad en movimiento.
Aceptar que puedo ser muchas…sin dejar de ser yo.


Eso es lo hermoso de la vida humana.